El octavo pasajero - Xavier Soto El Periódico el 24 de diciembre de 1984
Polémica
El octavo pasajero
Xavier Soto
DESDE hace algunos años, el mundo cinematográfico ha ofrecido diversas películas sobre la vida fuera de nuestro planeta. Pero de todas las películas ofrecidas por la industria del cine me atrevería a destacar especialmente dos en este artículo, y que me van a servir para ofrecer una sinopsis del hecho juvenil de la Catalunya de los ochenta. Estas dos películas son ET y Alien, el octavo pasajero. Mientras en ET se nos ofrece una imagen casi paradisíaca de los hombres que pueden vivir más allá de nuestras fronteras espaciales, en Alien se ofrece una versión contrapuesta: la de una fuerza que va desarrollándose y creciendo en el interior de los propios hombres, y que acaba por destruirlos. Sin duda, yo creo que la versión de Alien se parece mucho más a la realidad. Si estas fuerzas extraterrestres existen, serán mucho más parecidas a Alien que a la fantasía infantil de ET y, sin duda, la realidad juvenil de este país se parece mucho más a la situación de Alien.
En la democracia española, y especialmente en la reconstrucción nacional de Catalunya, se ha colado sin pedir permiso un octavo pasajero. Un octavo pasajero que tiene que soportar diariamente el 50 por ciento del paro de este país. Alrededor de 20.000 heroinómanos que han perdido su libertad y que cada día corren el riesgo de perder incluso su propia vida, y con ella la de algunos otros.
ESTE octavo pasajero, que ha devorado ya a la juventud de los 60 y a los que en los 70 o en los 80 siguen creyendo en ET, plantea a la sociedad catalana, inmersa hoy en el proceso de reconstrucción nacional, graves interrogantes. No cree en los intelectuales postmodernos que teorizan en bellos delirios, lo que para el octavo pasajero no es más que una necesidad forzosa: ellos no eligen vivir cada día sin saber qué va a pasar, sin saber cuánto dinero tendrán en el bolsillo mañana. Para ellos, el vivir al día, el vivir a salto de mata es una realidad impuesta. El octavo pasajero no ha encontrado solidaridad terrestre, no digamos ya en la derecha, sino ni tan sólo en quien parecía obligado a prestársela. La izquierda y los trabajadores han respondido con insolidaridad, insolidaridad manifiesta en su propio padre, por muy militante de la UGT o CCOO que sea, sus intelectuales han respondido con cinismo similar. Únicamente algunos jóvenes de los 70, concentrados en el Área de Juventud del Ayuntamiento de Barcelona, o en la Juventud Socialista, han practicado para con el octavo pasajero algún gesto.
PARALELAMENTE a la estética de estos sectores, la derecha real de este país, a la que la estética igual que la ética, no le han interesado nunca, ha respondido con la brutalidad de la fuerza cuando han visto que las avanzadillas más peligrosas, situadas ya fuera del octavo pasajero, empezaban a manifestarse no ante el Palacio de la Moncloa, como los obreros de Sagunto, sino en los informes policiales. Por otra parte, es bien sabido, que los representantes políticos de esta derecha, los que hoy nos gobiernan desde la plaza de San Jaime no pueden creer en los extraterrestres, ellos sólo creen en Dios y en la Patria, y por lo tanto a nadie puede extrañar que su respuesta haya sido la de la ignorancia más absoluta. La Iglesia española, que tan importante papel jugó en el pasado, parece anatemizar ahora cualquier intento serio de aproximación al problema. Únicamente la Iglesia Vasca, que siempre ha parecido un poco extraterrestre, ha mostrado su preocupación por alguno de los problemas del octavo pasajero.
Xavier Soto i Cortes, Primer Secretario de la Joventut Socialista. Diputat al Parlament
Recogido en:
xavier soto 1961-1995 Memòria viva pág., 34, 35, i 36.
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